Ser y estar... síntomas de una vida

Los pensamientos se traducen en una cosa..., simplemente en uno mismo

miércoles, 20 de julio de 2011

Despegue

Mis nervios no me han dejado durante el día de hoy. Y realmente me ha parecido absurdo, puesto que ya debería estar cansada de hacer la misma rutina: ir hacia el aeropuerto, facturar, coger el avión, esperar a que vengan a recogerme en Sevilla y marchar hacia Córdoba. No sé que ocurría, pero no me sentía con la misma entereza como todas las veces anteriores.

La fauna que integra un aeropuerto es diversa y realmente, cuando has de pasar largo tiempo de espera, es un deporte no sé si excitante, pero al menos entretenido. Ves familias que transportan su casa como caracoles, e incluso parejas que pretenden afianzar una relación mediante un viaje y, entre discusión y discusión, no se ponen de acuerdo de quién de los dos lleva más peso, más carga. Entre toda esa fauna, estaba yo. Y es increíble ver a personas que quizás no han viajado nunca en avión, y sinceramente, todo el personal del aeropuerto se ha de volcar en ellos. Pobre mujer sevillana, y pobre chico de información.

Dormir en los aviones es relajante, y más adentrarte en una lectura, porque una hora y media de vuelo se pasa, nunca mejor dicho, volando. A pesar de las pataditas del bebé del asiento trasero, he podido empezar un nuevo libro que me ha prestado un gran amigo, Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Me advirtió que era algo fantasioso, y sí, lo del extraterreste es paranormal. De hecho, mi atención se ha centrado en la posibilidad de dejar de dormir, de robar a la naturaleza la posibilidad del descanso. ¡Qué angustia me ha entrado! Si te paras a pensar, soñar es una vida; vivir con una conciencia diferente a la que habitualmente estás acostumbrado. Puedes ser, hacer, sentir..., lo que quieras, y lo inesperado de la vida que estamos acostumbrados a vivir, se torna insulso. Sería incluso divertido pensar, como decía Borges, que el mundo de los sueños no es más que la vida tal cual, sin tapujos ni ataduras..., y lo que creemos vivir, simplemente, es un lapsus en el tiempo de nuestra propia vida real.


Hace un año ya de la última vez que estuve en Córdoba. ¡Cómo ha cambiado todo! Felicidades San Sebastián.

sábado, 16 de julio de 2011

Señora

Siempre me ha sorprendido ver en la gente el paso del tiempo marcado en su cuerpo y en su manera de pensar. Tú mismo, la gran mayoría de las veces, no te das cuenta que ese tiempo también surca y dibuja un camino sobre ti mismo, pero no reparas en ello a pesar de las múltiples veces que eres capaz de mirarte en un espejo. Yo al menos nunca había reparado en ello.
Hoy me he topado con el tiempo de cara, y no precisamente me ha sonreído. Supongo que el haber pasado de él le ha ofendido, y es que por primera vez un "Gracias Señora" me ha taladrado por dentro. ¡Ilusa de mí, que pensaba que el tiempo no iba conmigo! No hay nada más mortífero que te llamen "señor/a" cuando todavía ves el tiempo desde la distancia más absoluta.
¡Qué cruel es hacerse mayor!

jueves, 14 de julio de 2011

Disgregada...!!!!

La idea de pasar toda mi vida desgranando el qué, el cómo, el por qué..., es algo que me atormenta. Estoy muy cansada. Cuando no es uno, es otro; y eso que siempre pretendo hacer las cosas lo mejor posible. Pero nunca he conseguido lo que me he propuesto. Tengo la sensación de ser como un muñeco de goma al que estiran por todos los lados. Entiendo que me empiezo a resquebrajar empezando por las muñecas -siento incluso como me crujen los tobillos e incluso el sonido de la ruptura-. Cansada sí de no pensar en mí misma; cansada de cuando pienso en mí me reprochan que he cambiado y ya no estoy por los demás.
¿Cuándo dejaré de pensar en todas estas cosas? Lo único que quiero es ser y estar tranquila; hacer lo que verdaderamente me gusta y ser feliz. Quizás tenga que ir donde me dicen: un psicólogo; es probable que por mí misma no consiga aprender a valorarme y sea un agente ageno a mí quien consiga instruirme en mí misma.
Posiblemente me haya equivocado en muchas cosas, y posiblemente haya cometido el gran error de mi vida. Nunca lo sabré. Ahora solamente quiero levantarme y, por primera vez en mi vida, luchar por mí.

lunes, 11 de julio de 2011

Cansancio

Cuesta muchísimo ser una misma cuando tienes que tener en cuenta a todo el mundo que me rodea. A veces nos sé exactamente si hago las cosas correctamente, y pienso que es muy injusto tener siempre que pensar en todos. Me empiezo a cansar de tantas cosas de mi alrededor.

viernes, 17 de junio de 2011

Déjame entrar I

A veces no sabes si las decisiones que tomas son las más acertadas. Por mucho que des vueltas a la cabeza, ésta siempre te va indicando diferentes opciones, pero la verdad es apenas imperceptible. Lo correcto y lo incorrecto es tan difuso, que sólo puedes dejarte arrastrar por sensaciones, por manifestaciones aún más confusas que una misma.
Sé que he intentado todo, o al menos eso es lo que me ha parecido. Pero posiblemente no haya sido suficiente. A veces si apretamos demasiado la maquinaria, se resiente, tiembla, y luego cuesta mucho componerla. Por eso te digo que necesito más que nunca un hueco donde empezar a trabajar sobre ese puzzle que se ha desmontado, colocar las piezas de manera correcta y volver a ser yo.
Sigo sintiendo nostalgia, olores que me imprimen recuerdos de escenas evocadoras de ti; ese olor por la mañana se me ha quedado sellado en mis fosas como algo imborrable. Miradas, sonrisas..., y tantas cosas, que me hacían sentir bien y ahora me sumergen más en confusión. No quiero olvidar todo lo vivido, lo sentido; quiero volver a vivirlo y sentirlo pero con la cabeza bien firme, segura de mí misma.
A veces me siento como una muñeca, que la traen y la llevan, que la peinan y la visten, al antojo del dueño. Quisiera poder ser yo, no esa muñequita vacía.
Da la sensación que no he sido franca contigo todo lo que me hubiera gustado. Y te preguntarás por qué. Quizás el deseo de ti no me haya dejado ser por momentos yo misma. Confundida, mucho; triste, mucho; agotada, mucho... Y vuelta a empezar.

lunes, 25 de abril de 2011

Perderse por Cuenca...

Semana Santa. 2011. Lunes 25 de abril. He vuelto de unas cortas vacaciones; unas vacaciones intensas y gratificantes por el hecho de cortar con la rutina y respirar un aire que no sea el viciado aire de la rutina. Cuando huyes a Cuenca, huyes para pensar, para reorganizar un poco la vida que llevas, que a veces pesa, que no siempre es la que más se ajusta a uno mismo. Y cuando vuelves, te das cuenta que todo puede ser mejor de lo que es, porque ya tus energías ya no están viciadas de estrés, de relojes que suenas sin parar, de llantos por no llegar a tiempo a los sitios.

Y acabas por pensar que realmente Cuenca es mágica, encierra algún misterio que te hace querer volver otra vez para recuperar esa dosis de uno mismo que vamos perdiendo cada día.