Mis nervios no me han dejado durante el día de hoy. Y realmente me ha parecido absurdo, puesto que ya debería estar cansada de hacer la misma rutina: ir hacia el aeropuerto, facturar, coger el avión, esperar a que vengan a recogerme en Sevilla y marchar hacia Córdoba. No sé que ocurría, pero no me sentía con la misma entereza como todas las veces anteriores.
La fauna que integra un aeropuerto es diversa y realmente, cuando has de pasar largo tiempo de espera, es un deporte no sé si excitante, pero al menos entretenido. Ves familias que transportan su casa como caracoles, e incluso parejas que pretenden afianzar una relación mediante un viaje y, entre discusión y discusión, no se ponen de acuerdo de quién de los dos lleva más peso, más carga. Entre toda esa fauna, estaba yo. Y es increíble ver a personas que quizás no han viajado nunca en avión, y sinceramente, todo el personal del aeropuerto se ha de volcar en ellos. Pobre mujer sevillana, y pobre chico de información.
Dormir en los aviones es relajante, y más adentrarte en una lectura, porque una hora y media de vuelo se pasa, nunca mejor dicho, volando. A pesar de las pataditas del bebé del asiento trasero, he podido empezar un nuevo libro que me ha prestado un gran amigo, Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Me advirtió que era algo fantasioso, y sí, lo del extraterreste es paranormal. De hecho, mi atención se ha centrado en la posibilidad de dejar de dormir, de robar a la naturaleza la posibilidad del descanso. ¡Qué angustia me ha entrado! Si te paras a pensar, soñar es una vida; vivir con una conciencia diferente a la que habitualmente estás acostumbrado. Puedes ser, hacer, sentir..., lo que quieras, y lo inesperado de la vida que estamos acostumbrados a vivir, se torna insulso. Sería incluso divertido pensar, como decía Borges, que el mundo de los sueños no es más que la vida tal cual, sin tapujos ni ataduras..., y lo que creemos vivir, simplemente, es un lapsus en el tiempo de nuestra propia vida real.
Hace un año ya de la última vez que estuve en Córdoba. ¡Cómo ha cambiado todo! Felicidades San Sebastián.