Siempre me ha sorprendido ver en la gente el paso del tiempo marcado en su cuerpo y en su manera de pensar. Tú mismo, la gran mayoría de las veces, no te das cuenta que ese tiempo también surca y dibuja un camino sobre ti mismo, pero no reparas en ello a pesar de las múltiples veces que eres capaz de mirarte en un espejo. Yo al menos nunca había reparado en ello.
Hoy me he topado con el tiempo de cara, y no precisamente me ha sonreído. Supongo que el haber pasado de él le ha ofendido, y es que por primera vez un "Gracias Señora" me ha taladrado por dentro. ¡Ilusa de mí, que pensaba que el tiempo no iba conmigo! No hay nada más mortífero que te llamen "señor/a" cuando todavía ves el tiempo desde la distancia más absoluta.
¡Qué cruel es hacerse mayor!
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