Semana Santa. 2011. Lunes 25 de abril. He vuelto de unas cortas vacaciones; unas vacaciones intensas y gratificantes por el hecho de cortar con la rutina y respirar un aire que no sea el viciado aire de la rutina. Cuando huyes a Cuenca, huyes para pensar, para reorganizar un poco la vida que llevas, que a veces pesa, que no siempre es la que más se ajusta a uno mismo. Y cuando vuelves, te das cuenta que todo puede ser mejor de lo que es, porque ya tus energías ya no están viciadas de estrés, de relojes que suenas sin parar, de llantos por no llegar a tiempo a los sitios.
Y acabas por pensar que realmente Cuenca es mágica, encierra algún misterio que te hace querer volver otra vez para recuperar esa dosis de uno mismo que vamos perdiendo cada día.
Y acabas por pensar que realmente Cuenca es mágica, encierra algún misterio que te hace querer volver otra vez para recuperar esa dosis de uno mismo que vamos perdiendo cada día.